El rugby llegó a la Argentina de la mano de inmigrantes británicos a fines del siglo XIX, tal como sucedió con el fútbol. Inicialmente era solo practicado por ingleses, pero hacia mediados de la década de 1920, la Unión Argentina de Rugby ya había logrado conformar un equipo enteramente argentino para disputar enfrentamientos internacionales, lo que contribuyó al crecimiento de la popularidad del deporte tanto en Argentina como en el resto de América Latina.

Para los años ’50, el rugby argentino había impuesto su dominio entre los países del continente, por lo que su evolución natural sería propiciar los encuentros con las potencias tradicionales de la disciplina en el viejo continente. Sin embargo, sería luego de una importante y exitosa gira por Sudáfrica, -otra de las naciones con una gran tradición en el rugby-, en la que el equipo nacional lograría once victorias en quince partidos, que la selección argentina se haría acreedora del apodo “Los Pumas” como reflejo de su fiereza y perseverancia en el juego.

El nombre de “Los Pumas” continuaría ganando prestigio en las décadas siguientes, luego de lograr resultados impensados frente a las selecciones más destacadas del mundo, como Gales o Inglaterra. Sería después del Mundial de Rugby de 1999, en el que Argentina caería en cuartos de final frente a Francia, que se daría la primera gran llegada de deportistas locales a las ligas de Europa. Esta mayor exposición al juego profesional y de alta competencia, potenciaría las condiciones técnicas y físicas de los atletas argentinos, lo que se vería reflejado en la obtención de un tercer puesto en el Mundial de 2007. Se trató del primer país fuera del “Six Nations” o el “Tri Nations” (las competencias más importantes de este deporte) en conseguir alcanzar la semifinal del torneo. Luego de repetir esta buena performance en 2011, Argentina fue incluida finalmente en el “Tri Nations” (actualmente “Rugby Championship”).